
La vida està hecha de cambios. Desde que nacemos hasta que morimos vivimos millones de cambios, desde lo visible (nuestro cuerpo) hasta lo invisible (personalidad, sentido del humor, caracter, etc).
Me encanta observar a los niños pequeños porque es posible ver cuàn velozmente aprendemos los seres humanos (tipo esponja) y còmo se cambia, porque estos aprendizajes se van incorporando (esta velocidad que se va perdiendo con los años, por eso a los “viejos” les cuesta tanto incorporar lo nuevo).
De niños se aprende a “estar” en el mundo, donde la familia es la primer escuela y despuès sigue el colegio, la primera relaciòn de amistad, la primera relaciòn de pareja, la religiòn, el primer trabajo, etc... (aprendizaje que nunca se acaba por cierto).
Desde los “no” de nuestros padres hasta la experiencia directa, comprender la relaciòn causa-efecto, si muevo o hago esto sucede aquello y asì. Tal vez se pueden resumir los cambios en dos grandes tipos, los que generamos nosotros y los cambios que llegan desde el mundo exterior (desde el clima hasta la reacciòn inesperada de una persona). Uno va haciendo las cuentas con todo, va sumando experiencia y aprende tambièn equivocàndose. Lo importante es hacer tesoro de aquello que vivimos, bueno y malo que sea.
Cambiar no es fàcil porque lo viejo y conocido es còmodo y dar el paso hacia lo desconocido muchas veces dà miedo, inseguridad. Esto diferencia bastante a las personas, las que suelen jugarse y las que no. Dejar certezas por incertezas no es fàcil pero ya lo dice el refràn: “el que no arriesga no gana” y basta poner en la cuenta que la posibilidad que lo que entendemos por “perder” tiene tambièn su lado bueno si lo transformamos en experiencia.
Asì vamos plasmando nuestra historia, nuestra bùsqueda personal. Se cambia escenario pero nuestra esencia es una y la “elasticidad” o “flexibilidad” hacia lo nuevo nos permite que el cambio sea para bien. Pensar las cosas, una a la vez de lo que se tiene que enfrentar, sin mirar “el todo” ayuda a no desesperar y enfrentar las cosas con calma y mayor claridad mental y sin sofocar las emociones, dàndoles el lugar que merecen porque no somos de madera. Temer es natural pero no hay que dejarse avasallar y darle para delante, escuchando el corazòn.
Etichette: Filosofìa de vida
Name: La Piripitu
From: mi vida dividida entre Santa Fe-Buenos Aires-Roma
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