El otro dìa fui a saludar por su cumpleaños a mi amiga Lali, la mamà de Marìa Teresa y a conocer finalmente mi sobrinita que aùn sigue en el hospital. Me encantò ver como esta neomamà que es capaz de desmayarse si ve una uña quebrada, gracias al instinto materno, estaba en medio a un montòn de cosas que sè por cierto que le dan mucha impresiòn, con desenvoltura y fiel como pie de cañòn al lado de la cunita. Pensè a ella y su marido que desde que se casaron les tocò enfrentar varias adversidades y reflexionè sobre la importancia de construir bien la pareja, "el nido" porque nunca se saben las vueltas de la vida....
Pájaros
La casa, construcción de paja y de ramitas, es mucho más grande que su habitante.
Pero alzar la casa, entre los matorrales espinosos, lleva no más que un par de semanas. El arte, en cambio, exige mucho tiempo de trabajo.
No hay dos casas iguales. Cada cual pinta su morada como quiere, con pintura hecha de bayas machacadas, y cada cual la decora a su manera. Los alrededores se alindan con tesoros arrancados del monte o de la basura de algún pueblo lejano: la piedritas, las flores, los caparazones de caracoles, las hierbas y los musgos se ubican queriendo armonía; las tapas de botellas de cerveza y los pedacitos de vidrios de colores, de preferencia azules, dibujan anillos o abanicos en el suelo. Las cosas van cambiando mil veces de sitio, hasta que encuentran el mejor lugar para recibir la luz de cada día.
Por algo estos pájaros se llaman caseritos. Ellos son los arquitectos más alegres de todas las islas de Oceanía.
Cuando ha concluido la creación de su casa y jardín, cada pájaro espera. Espera, cantando, que pasen las pájaras. Y que alguna detenga su vuelo y vea su obra. Y que lo elija.
Pero alzar la casa, entre los matorrales espinosos, lleva no más que un par de semanas. El arte, en cambio, exige mucho tiempo de trabajo.
No hay dos casas iguales. Cada cual pinta su morada como quiere, con pintura hecha de bayas machacadas, y cada cual la decora a su manera. Los alrededores se alindan con tesoros arrancados del monte o de la basura de algún pueblo lejano: la piedritas, las flores, los caparazones de caracoles, las hierbas y los musgos se ubican queriendo armonía; las tapas de botellas de cerveza y los pedacitos de vidrios de colores, de preferencia azules, dibujan anillos o abanicos en el suelo. Las cosas van cambiando mil veces de sitio, hasta que encuentran el mejor lugar para recibir la luz de cada día.
Por algo estos pájaros se llaman caseritos. Ellos son los arquitectos más alegres de todas las islas de Oceanía.
Cuando ha concluido la creación de su casa y jardín, cada pájaro espera. Espera, cantando, que pasen las pájaras. Y que alguna detenga su vuelo y vea su obra. Y que lo elija.
Eduardo Galeano
Etichette: vida cotidiana
Name: La Piripitu
From: mi vida dividida entre Santa Fe-Buenos Aires-Roma
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